lunes, 30 de octubre de 2006

VI

La vida en un vodka con limón.
Una vez más decido golpearme
contra el cristal del vaso
al sumergirme en su fondo para nadar
a contracorriente en el líquido transparente.
Y me bebo:
la maldición de la inexactitud de las palabras
para contar las cosas,
programas de mano de obras de teatro ya vistas,
billetes de autobús caducados que no tienen destino,
entradas de cine y conciertos medio borradas,
angustiosas noches de insomnio,
cálidas noches estrelladas,
el sufrimiento, la demencia y la muerte de Van Gogh
en la pincelada retorcida y gruesa de sus cuadros,
el desafío del azar a la razón al tirar los dados,
el reflejo de mi caricatura al mirarme en el espejo,
el dedo acusador que me señala de manera burlona,
la seductora cara de la luna,
profesiones tediosas como una tarde de domingo de invierno,
los amigos de color tostado como la cerveza,
preguntas que tienen interrogación inicial pero no final,
la seguridad que dan las lámparas encendidas.
Un sorbo tras otro. Hasta el último.
Y esperar a que llegue el amanecer.
Para olvidarlo todo.

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