domingo, 3 de diciembre de 2006

VIII

Noches de vodka mezclado con el enloquecimiento
de los interrogantes sin respuesta.
Movimientos rápidos de luces de colores
que parpadean por antiguas inseguridades renacidas.
Circunferencias de personas que chirrían
gritos de animales en celo
al ritmo frenético de la música
en un amasijo de calor, sudor y furia primitivos
―y yo, una simple observadora de la escena—.
Bostezos de alcohol en un amanecer de olvido.
La cabeza pesada
como recibir consejos no solicitados.
La sensación de fracaso
en la incomodidad de las arrugas de las sábanas.
El malestar del embotamiento de un trabajo aburrido
en la espalda, las muñecas y el cerebro.

3 comentarios:

konalgas dijo...

x fin!!! lo hemos konseguido!!! no t librarás d la críticas!!! x lo k m toka, mis noxes de tintineo han komenzado a tomar kolor!!! no sé si x el efecto del ron o pk el otoño ya esta akí

sandrita dijo...

Qué paradoja. Con el otoño, que es una estación de tonos apagados -grises y marrones-, llega el color en tus noches de juerga. Es el ron, no hay duda -al fin y al cabo tienen el mismo color-, o el whisky, el vodka, la cerveza...

sandrita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.