martes, 30 de enero de 2007

XIII

Arena. Sólo arena.
No la del desierto.
Ni la de la playa.
Sino la que habita en los ojos.
En la boca. En los oídos.
Fila de feroces alacranes que dañan la retina
provocando su desprendimiento:
visión parcial, visión alucinatoria,
visión profética, la no visión.
Revoltijo de plumas que atasca la garganta:
la lengua emplumada en un nudo
ahogando la capacidad de encadenar las sílabas:
la terrible imposibilidad de nombrar la realidad,
de nombrarte a ti.
Piedras arrojadas al tímpano destrozándolo:
y no poder escuchar nunca más el rumor
de caracolas, colibríes y amapolas
con que se llenan dos personas enamoradas
cuando se miran, se acercan, se tocan.
Maldita arena.

2 comentarios:

sandrita dijo...

Al igual habría que decir maldito poema. ¡Me ha llevado meses escribir esta cosa!

konalgas dijo...

...nada es maldito, todo tiene su tiempo, digamos maldito tiempo!!! las cosas no siempre son gustosas pero son un prévio para algo kolosal.