lunes, 12 de febrero de 2007

XIV

Llovió rosas negras en un cielo de alcohol
hacia un estanque de aguas pútridas.
Una rosa, dos, decenas de ellas caían
confundiéndose entre sí
al enmarañarse sus hojas anchas y largas
con las espinas puntiagudas.
Se enzarzaban alrededor de mi cuello oprimiendo
las oportunidades, el principio de vida,
la frontera entre la cordura y la locura.
Cercenaban las yemas de los dedos,
el prodigio de los fuegos artificiales,
las palabras de espuma.
Ríos de alcohol que empapaban el rostro,
los cuatros puntos cardinales,
los dioses de la fortuna.
Jugué mi última apuesta: lanzarme al estanque.
Y buceé buscando horizontes accesibles,

los meses de abril y mayo,
luciérnagas en la oscuridad,
la cara amable de la moneda,
párpados transparentes que vean más allá,
la libertad que dan los movimientos giratorios de las llaves.

1 comentario:

konalgas dijo...

...wuenas!!! opresión, mala amiga. hay k buskar colores, m enkanta girar las llaves, siempre pueden haber sorpresas. besos