sábado, 14 de abril de 2007

XIX

No entiendo que alguien pueda
pueda mirar con envidia y nostalgia
la juventud de un adolescente.
Sudé lágrimas de alcohol
y lloré pensamientos oscuros,
tan oscuros como haber tenido un mal día.
La lasitud precoz y el hastío eterno
en cada paso, palabra, gesto.
Caminé, tropezando, desorientada,
por sendas donde barrí con el estómago
dilemas tan retorcidos como raíces,
comí furiosamente con los ojos
el barro del desconcierto
y recogí con la frente la hojarasca
empapada de soledades.
Una vez asumida ésta
soy más joven ahora que cuando
tenía dieciocho años.

2 comentarios:

konalgas dijo...

...yo me siento vieja cuando miro a los que me rodean, no porque yo me sienta vieja.

todo un placer leerte. enga nus vemus.

Sandrita dijo...

Un placer volver a encontrarte por aquí.