lunes, 21 de mayo de 2007

XX

1

Lunes, martes, miércoles, jueves y viernes.
Las siete en el despertador.
En la mesa, el desayuno:
el café, los cereales y las tostadas.
El fregadero, el lavavajillas y el estropajo:
los platos limpios sueltan un hilo de agua
que se escapa por el desagüe.
El jefe te da las órdenes con voz segura.
En el despacho, los bolígrafos en el lapicero
y una gran pila de formularios para completar.
Aunque en realidad querrías ser poeta,
y por eso a escondidas escribes versos,
porque consigues crear un espacio y tiempo de libertad.


2

Y la terrible desazón de tener la certeza
de caer en la monotonía de la semana.
De repente...


3

El despertador berrea desesperadamente
siete alaridos agudos,
y revienta en cientos de pedazos de gris metálico.
La taza se ha volcado y el café gotea por el mantel,
los cereales saben a plástico porque están caducados
y los escarabajos pasean impunemente por las tostadas.
Los platos limpios sueltan un espeso flujo granate
que se escapa por el desagüe.
Las órdenes en la boca desdentada y amarillenta del jefe.
En el despacho florecen uñas sucias en el lapicero,
y los poemas -y los formularios también-
han sido completados
con una letra torcida y nerviosa que no es la tuya.

1 comentario:

konalgas dijo...

...uff por suerte no lo he leido recién levantada, espeluznante (leñe como se escribe esto!!!)