jueves, 14 de junio de 2007

XXII


El reloj en la pared.
A la mañana siguiente ya no está.
Esa misma noche…


Horizonte rojo:
maraña de hormigas rojas en el aire.
Caen furiosamente sobre los relojes.
¿El tiempo sangró?
Cabeza enterrada en la arena.
La lengua purulenta, el cuello maloliente, las pestañas sucias.
Se abalanzan rápidamente sobre los relojes.
Los agarran brutalmente.
La intención de fundirlos, doblarlos, retorcerlos.
¿Se consiguió la deformación del tiempo?
¿Y su destrucción?
Las manecillas salieron del reloj
persiguiendo la lengua, el cuello, las pestañas,
para ordenarles tareas que cumplir
de manera precisa y eficiente.


Fantasía, amanecer, despertar.
El reloj en el cajón, estropeado.
Alguien se dio prisa en ponerle una pila.

1 comentario:

Rodrigo dijo...

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