domingo, 13 de septiembre de 2009

DESDE LA VENTANA

Desde la ventana de su habitación, Luisito veía la de la del bloque contiguo. La vecina estaba de espaldas, envuelta en una toalla. Los cabellos eran largos y llameantes como los fuegos artificiales que se lanzaban en la fiesta mayor de la ciudad. Se quitó la toalla. La espalda, los muslos y las nalgas tenían el color tostado de la arena del parque. El niño deseó que se girara; seguro que sus pechos eran rosados como un algodón de azúcar. Y lo hizo. Pero la vista de Luisito no se fue a los senos, sino más abajo: a su pene.

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