miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL PIANISTA

El pianista entró en la sala. Cecilia se enamoró instantáneamente. Era alto, atractivo y vestía elegantemente. Con aire concentrado empezó. Su rostro reflejaba la pasión que sentía. Los dedos, largos y delgados, se movían ágiles y seguros. Imaginó que el músico acariciaba su cuerpo con la misma intensidad con la que tocaba el instrumento. Decidió esperarle a la salida para presentarse y conocerle. Lo que ella no sabía era que la profesión no daba grandes cantidades de dinero y que esas mismas manos tocaban el piano con la misma agilidad y seguridad con la que robaban joyerías.

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