miércoles, 14 de octubre de 2009

CAMINOS

De pronto, el camino se bifurcaba. El de la derecha estaba formado por estanques cuyas aguas reflejaban rostros de personas siempre jóvenes, pájaros de plumaje vistoso que cantaban conjuntamente y rosas acabadas de nacer. El de la izquierda, por árboles centenarios de corteza descolorida, culebras solitarias de sonrisa melancólica y plantas de veneno mortífero. Recordé que mi abuelo decía que no debemos fiarnos de las apariencias, que engañan. Pero en aquel momento lo consideré una estupidez. Elegí el de la derecha.
No contaré qué sucedió durante la travesía. Solo apuntaré que desde entonces sigo los consejos que me dan.

2 comentarios:

konalgas dijo...

...aunque el de la derecha era mucho más exquisito, yo hubiese cogido el de la izquierda!!! maldita meláncolia mía.

sandrita dijo...

¡Yo también! ¡Jaja!