viernes, 9 de octubre de 2009

UN CADÁVER EN EL SALÓN

No quería matarla. Pero finalmente todo se complicó, y ahora había el cadáver de una joven en el salón. La gente no creería que se trataba de un accidente ―la sociedad cuestiona el derecho a la presunción de inocencia―, así que ¿qué hacía con el cuerpo? ¿Quemarlo? No disponía de chimenea. ¿Echarlo a un contenedor o a un vertedero?, ¿enterrarlo? Acabarían por encontrarlo. Fue a la cocina. Cogió el cuchillo más grande. Sabía algo de anatomía y tenía fuerza en los brazos. Los cortes serían precisos, limpios. Vendería los pedazos resultantes como mercancía en su negocio, una carnicería.

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