martes, 22 de diciembre de 2009

CENA

La luz de las velas, música, flores, buen vino y comida selecta. Aparentemente era la velada perfecta. Pero no. En su momento protesté, pero echaba de menos los reproches de mi madre a mi padre, las quejas de la cascarrabias de mi abuela y las salidas de tono de mi tío en estado achispado. El pasado año no debí prometer que no iba a celebrar ninguna cena de Nochebuena más con mi familia.

1 comentario:

sandrita dijo...

En este caso no se cumple el refrán, sino al revés: más vale mal acompañado que solo.