martes, 27 de abril de 2010

SIMÓN

Criado entre la burla y la compasión, el que se quedaba mirando el vacío con ojos extraviados largo tiempo. A quien se le quedaba colgando la lengua en la boca abierta, de la que le resbalaba un hilillo de baba. El que se balanceaba de una manera extraña al andar. Pero también el que respondía cortésmente cuando se dirigían a él. El que nunca haría daño a ningún ser vivo. El que pronunciaba sentencias sabias como esta: «El tiempo pone a todos en su sitio». Y le llamaban Simón el Idiota.

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