domingo, 30 de mayo de 2010

PRIMER DOMINGO DE MAYO (O LA HUIDA)

«No llegues tarde», «Limpia tu habitación», «Esa chica es una pelandusca». Harto de su mamá, Antonio, a sus treinta y cinco años, decidió huir de casa. Sería libre y conocería paisajes, países, gentes. Escaparía la mañana del primer domingo de mayo. No sabía adónde iría ni qué haría pero se las apañaría. Como regalo del día de la madre, dejó la casa desordenada. No escribió ninguna nota. Cogió dinero de un cajón donde su progenitora lo guardaba. Cuando iba a salir, ella se levantó y, bostezando, le dijo que si bajaba a por el pan, que comprara también el periódico.

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