Y
llega el día en que a los niños les permiten ser niños. En que en las
casas nunca falta un plato de comida en la mesa. En que la guerra no
asola campos, ciudades ni la vida humana ni animal. En que los pueblos no
están sometidos a las cadenas impuestas por los dictadores. En que las
personas no deben huir, forzadas, de la tierra donde nacieron. Entonces la
guitarra enmudece, el pincel se seca y la pluma
se detiene. Entonces el músico, el pintor y el poeta, por un
lado, se alegran de la buena aunque impensable noticia. Pero por otro intuyen
que sus oficios pueden desaparecer. Desde entonces ya han
empezado a intentar sustituir sus habituales herramientas de trabajo por
otras con el propósito de reciclarse y reinsertarse en el mercado
laboral.
Muy bonito...adelante con esta bonita tarea.
ResponderEliminarGracias. Lo de seguir adelante eso siempre.
ResponderEliminarMe llaman "somiatruites", pero espero que tu relato se haga, un día, realidad.
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