miércoles, 7 de agosto de 2013

LA REDADA

Varios furgones de la Policía se detuvieron delante del establecimiento. Los efectivos bajaron y se dirigieron a la entrada, con el inspector jefe a la cabeza. Este les pidió que esperaran fuera. Entró. El dueño le recibió. Hablaron unos minutos. El propietario se ausentó un momento y regresó con un objeto, que entregó a su interlocutor. El inspector salió con la mano derecha metida en el bolsillo del pantalón y con la otra ordenó a los agentes la retirada. La patrulla abandonó el local de ocio nocturno sin realizar ningún registro.

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